La Epístola de Santiago · La fe que actúa
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No se puede decir con total seguridad quién ha escrito esta epístola. El autor se nos presenta solamente como “Santiago, siervo de Dios y del Señor Jesucristo” (1:1).
El problema es que en el Nuevo Testamento aparecen varios hombres con este nombre. Por lo tanto hay que elegir entre uno de ellos, aunque no podamos ir más allá que decir cuál nos parece más probable.
Partiendo de la idea de que solamente las epístolas de los apóstoles, con autoridad apostólica, debían estar recogidas en el canon de los escritos del Nuevo Testamento, en la Iglesia primitiva se buscaba al autor en el círculo de los apóstoles. Había dos discípulos de Jesús, que fueron después sus apóstoles, que se llamaban Santiago: el hermano de Juan y el hijo de Alfeo (Mt.10:2-4). Del último no sabemos nada más, pero al primero se le menciona muchas veces junto con Pedro y Juan como testigo principal de destacados acontecimientos. También llega a ser una persona importante en la iglesia de Pentecostés. Pero muy pronto, en el año 44 d.C. es decapitado por orden de Herodes (Hch.12:1,2). Por eso difícilmente ha podido escribir esta epístola, porque del contenido se desprende claramente que no va dirigida a recién convertidos, sino a judíos cristianos que huyeron de Jerusalén después del martirio de Esteban, y que habían sido esparcidos hacia las regiones del norte (Hch. 8:1,4 y 11:19).
Si el autor no ha sido uno de los doce, y sin embargo era lo suficientemente conocido como para poder presentarse sin añadido alguno en el primer versículo de la epístola, nos queda solamente Santiago, el hermano del Señor Jesús (Mr.6:3), que durante años ha sido un hombre con mucha autoridad en la iglesia madre de Jerusalén (Hch.12:17; Gá.1:19). Según Pablo, él era una de las columnas de la congregación (Gá.2:9).
En la asamblea de Jerusalén, descrita en Hechos 15, su palabra es de gran peso e incluso decisiva en la discusión sobre la cuestión de si las antiguas instituciones judías como la circuncisión tenían que imponerse, y en qué medida, a los cristianos de origen gentil. ¡Esta discusión es una prueba de cómo la primera congregación de Jerusalén tuvo presente la imagen de Israel como olivo, y los creyentes como ramas silvestres injertadas en el olivo (Ro.11:16-24)!
A través de la postura sabia a la que finalmente llegó la asamblea por medio del consejo de Santiago, llegamos a conocer a un Santiago que muy bien puede ser el autor de esta epístola: un hombre que está y estará siempre vinculado en cuerpo y espíritu al Dios de Israel y al pueblo del Pacto, y que en un momento crucial de su vida ha llegado a creer en Jesucristo y a confesarle como el Mesías de Israel que no ha venido para abolir la Ley sino para cumplirla (Mt.5:17). Un líder espiritual excepcionalmente capacitado para señalar el Camino a los judeo-cristianos, un camino que no es otro que aquél del antiguo Pacto, pero que en el nuevo Pacto ha adquirido un Nombre y una Figura en Jesús. Él mismo es el Camino (Jn.14:6).
El hecho de que Pablo después de su conversión visitó a Santiago (Gá.1:19), y otra vez después de su tercer viaje misionero (Hch.21:18), muestra que Santiago ocupaba un lugar destacado en la congregación de Jerusalén.
pág. 7¿Qué más sabemos de este hermano de nuestro Señor Jesús?1 Jesús debe haber tenido por lo menos dos hermanas y cuatro hermanos (Mt.13:55,56). Se menciona como hermanos a Santiago, José, Simón y Judas. Si Mateo los ha puesto por orden de edad, entonces Santiago era el hermano (o hermanastro) mayor después de Jesús. De los otros únicamente se conoce a Judas por la epístola que se incluye en el Nuevo Testamento, en la cual se presenta como hermano de Santiago (“ya sabe, el conocido Santiago”) e igual que éste, un siervo de Jesucristo (Jud.1:1). El Evangelio de Juan habla de la incredulidad al principio de los hermanos de Jesús (Jn.7:5), y el Evangelio de Marcos nos relata cómo su madre y sus hermanos quieren llevar a Jesús de vuelta a casa porque piensan que está fuera de sí (Mr.3:21 y 31). ¡Debe de haber sido muy difícil para sus parientes reconocer en su hijo y hermano al Hijo de Dios y al Hijo del Hombre,2 al Salvador del mundo! El cambio decisivo no vino hasta después de su muerte y resurrección, de lo contrario Jesús, en la cruz, habría señalado al mayor de sus hermanos como apoyo para su madre María. Por otro lado, su hermano Santiago tampoco habrá sido totalmente incrédulo entonces, pues el Señor se le apareció después de la resurrección (1 Co.15:7), y por lo que sabemos, nuestro Señor no se ha aparecido a incrédulos, aunque sí a débiles en la fe como Tomás y probablemente también Santiago.
Poco después encontramos a la madre de Jesús y a sus hermanos en el círculo de los discípulos que esperan orando la venida del Espíritu Santo después de la ascensión de Jesús al cielo (Hch.1:14).
Aparte de sus encuentros con Pablo y de su actuación en la asamblea de Jerusalén, no sabemos mucho más de Santiago. Lo que está claro es que ha conservado su influyente posición en Jerusalén. No se marchó para predicar el Evangelio como los demás apóstoles, sino se quedó como fiel Pastor de la iglesia madre (en Jerusalén).
Acerca del final de su vida tenemos dos relatos diferentes, aunque los dos mencionan el martirio de Santiago.
El historiador judío Josefo nos cuenta que Santiago fue apedreado por orden del sumo sacerdote Anás II, en el año 62 después de Cristo.
El historiador cristiano Eusebio nos ha transmitido un mensaje de Hegesipo del segundo siglo; según el cual Santiago, justo antes de estallar la guerra entre los judíos y los romanos el año 66, fue arrojado desde el techo del templo y luego apedreado hasta morir por una muchedumbre furiosa, agitada por fariseos y escribas. Según el mismo relato, Santiago vivía como un nazareo, no tomaba vino ni otras bebidas alcohólicas, y no pasó navaja por su cabeza. Llevaba como sobrenombre “el Justo” porque guardaba rigurosamente los preceptos de la Ley. Era
1 Los hermanos de Jesús ¿hermanos de verdad o primos? Mateo 1:25 parece demostrar que José y María después del nacimiento de Jesús convivían normalmente como pareja de casados. Además es significativo que a los hermanos se les veía en repetidas ocasiones en compañía de María (Mt. 12:46; Mc. 3:34; Lc. 8:21; Jn. 2:12).
2 Con el nombre “Hijo de Dios” las Escrituras expresan que en Cristo Dios mismo ha venido a la tierra para llevar a cabo la reconciliación (Lc. 1:31-35; Ro. 8:32; Jn. 1:17; Mt. 16:16 y 26:63-64).
El título “Hijo del hombre” no se refiere en primer lugar a la naturaleza humana de Jesús, sino a que Jesús se señala a sí mismo como el Mesías Rey profetizado en Daniel 7:13-14. Él juzgará a la humanidad; es un título de “dominio eterno y un reinado indestructible”. Véase Marcos 2:28; 8:38, 13:26; Mateo 16:64; 25:31; 26:64 y el Salmo 110:1.
pág. 8conocido como alguien que oraba con fervor por la conversión de Israel; le salían callos en las rodillas de tanto orar.
Seguro que Santiago rogaba sin cesar por la restauración, sobre todo espiritual, de las doce tribus de Israel bajo la cabeza que es Jesucristo (1:1).
Destinatarios
Santiago escribe su epístola a “las doce tribus (que están) en la dispersión” (1:1). Esta descripción es tan imprecisa que da lugar a muchas conjeturas. Del contenido de la Epístola se puede deducir que el autor se dirige a los judíos cristianos que a causa de las persecuciones han sido esparcidos desde Jerusalén. En efecto, en Hechos 8:1,4 y 11:19 se hace mención de una dispersión así, después de la lapidación de Esteban. Se dirigieron sobre todo al norte, hacia Fenicia, Chipre y Antioquía. Los datos en la Epístola referentes al clima (lluvia temprana y tardía, 5:7) y la vegetación (higueras, olivos y vides 3:12) coinciden con los de estas regiones.
Intencionadamente, Santiago habla de “las tribus en la dispersión”. La palabra griega es “diáspora”, y desde la deportación al exilio, primero de las diez tribus y más tarde de las otras dos tribus, se repite el fenómeno de la diáspora de grupos judíos y sinagogas en los países alrededor de Palestina. Así pudieron los judíos cristianos, aunque perseguidos y esparcidos por Siria y Chipre, o donde sea, conectar con judíos y sinagogas en el extranjero. Esta conexión era lógica teniendo en cuenta que en los primeros decenios después de Cristo la separación entre “iglesia” y “sinagoga” todavía no se había producido tan claramente como iba a ocurrir después de la caída de Jerusalén (70 d.C.). Llama la atención que Santiago en 2:2 usa la palabra “sinagoga” para indicar el lugar donde se reúnen sus lectores. Es una lástima que en la Reina Valera de 1995 se traduzca por “congregación”, por lo que se ha perdido algo del ambiente judío en nuestra Epístola. (La Biblia Textual sí traduce“sinagoga”).3
La denominación “doce tribus, que están en la dispersión” sigue siendo curiosa. De las doce tribus de Israel sólo una pequeña parte de las dos tribus ha vuelto de Babilonia a Jerusalén, y no sabemos nada acerca de las otras diez. Precisamente por eso la expresión “en la dispersión” es acertada.
El verdadero israelita siempre sigue pensando en que las tribus de Israel son “doce”, y sigue pensando en la totalidad del pueblo de la Alianza con Dios, tal como ha sido llamado y constituido por el Señor en el monte de Horeb cuando estableció su Pacto, y no se conforma con la dispersión. A pesar de la dispersión geográfica, las doce tribus siguen siendo el pueblo de Dios, bajo y por medio de la Palabra de las promesas y mandamientos de Dios. Así lo entiende Santiago, y también Pablo da testimonio de esta visión de fe ante el rey Agripa: “Ahora, por la esperanza de la promesa que hizo Dios a nuestros padres, soy llamado a juicio; promesa cuyo cumplimiento esperan que han de alcanzar nuestras doce tribus, sirviendo constantemente a Dios de día y de noche” (Hch. 26:6,7). Es como si tuviésemos a
3 En casi cada ciudad de cierta importancia mencionada en Hechos se encontraban una o más sinagogas. Así fue en Damasco (9:2, 20), Salamina (13:5), Antioquía en Pisidia (13:14), Iconio (14:1), Filipos (16:13), Tesalónica (17:1), Berea (17:10), Atenas (17:17), Corinto (18:4) y Éfeso (19:8). En la Diáspora había judíos que vivían del comercio ya desde los tiempos de Salomón. Probablemente la mayoría de las sinagogas habían sido fundadas por judíos que no regresaron a Israel después del Exilio. Los cristianos iban al principio a las sinagogas. Poco a poco empezaron a formar sus propias congregaciones, muchas veces reuniéndose en casas particulares (Ro. 16:5; Flm. 2). Esta evolución es descrita en Hechos 11:19-26 y 14:23.
pág. 9Santiago delante nuestro, como el que ora día y noche por la conversión y la restauración de “todo Israel” (Ro. 11:26).
Desde esa misma visión de fe edificó el profeta Elías en el monte Carmelo un altar de doce piedras (aunque solamente era profeta en el reino de las diez tribus), y lo hizo “conforme al número de las tribus de los hijos de Jacob” (1R.18:31). Sin duda Elías tenía en mente el altar construido por Moisés en el desierto cuando se hizo el Pacto, “con doce columnas, una por cada tribu de Israel” (Ex. 24:4). ¡En cuanto al altar y el sacrificio ante el Señor no debe contar la ruptura de Israel! Delante de la santa presencia de Dios solamente puede existir la unidad santa de su pueblo.
La preocupación y el interés de Santiago, como Pastor de la congregación en Jerusalén, se concentran especialmente en aquellas ovejas de su rebaño que viven más lejos. Sobre todo porque todavía apenas se vislumbraba algo de organización propia en la comunidad cristiana de la dispersión. Incluso los “ancianos de la iglesia” en 5:14 no tienen que ser necesariamente ancianos de la Iglesia cristiana. La traducción griega del Antiguo Testamento, la Septuaginta, traduce la palabra “reunión” (de los creyentes) muchas veces por “ecclesia”, la misma palabra que emplea Santiago en 5:14, que se traduce por iglesia. Muy bien puede ser que se trata todavía de la comunidad de creyentes judíos (5:14) que se reúnen en la sinagoga (2:2). Es lógico pensar que “los ancianos de la iglesia” son los ancianos de la sinagoga.4 Entre estos ancianos de la sinagoga podría haber algunos que eran cristianos, y entonces Santiago ha querido decir: si estás enfermo, llama a aquellos ancianos que son cristianos. Supongamos que los judeo-cristianos dispersos se reunían todavía en la sinagoga, aunque tal vez como un grupo aparte. Entonces se pueden explicar las tensiones sociales entre ricos y pobres, terratenientes y obreros, mencionadas en la Epístola (2:1-13; 5:1-11).
En su huida desde Jerusalén y los alrededores, muchos tendrán que haber dejado casi todo atrás. Donde se asentaron habrán buscado trabajo con granjeros judíos, que aprovecharon la ocasión para hacerles trabajar por un mísero sueldo. El hecho de que Santiago saque por un lado esta incongruencia a la luz, y por otro lado llame a estos ricos explotadores “hermanos” (1:9,10; 2:5,6), es consecuencia de su postura reconciliadora y unificadora. Todavía está firmemente arraigado en la comunidad religiosa judía, ya que simplemente no puede ni quiere aceptar una separación entre judíos y judeocristianos. De ello deriva el derecho y la obligación de dirigirse a la comunidad entera de la sinagoga, que incluye todavía a todos.
4 La palabra anciano es “presbuteros” en el griego del Nuevo Testamento. Este nombre se utiliza además de en la iglesia, también muchas veces para el anciano judío (junto a otras equivalentes griegas).
En el período del A.T. los “ancianos” son los dirigentes en la comunidad jurídica y social (tribu, ciudad). En el N.T. queda poco de ese poder, salvo en la sinagoga, pues la comunidad judía vive integrada en las estructuras del estado romano.
La iglesia cristiana utiliza los dos nombres, “presbuteros” (anciano) y “episkopos” (obispo). Al “episkopos/obispo” lo encontramos en Hechos 20:28, Filipenses 1:1, 1Timoteo 3:2, Tito 1:7 y 1 Pedro 2:25.
Los nombres obispo y anciano en Tito 1:5 y 7 indican el mismo oficio, igual que en Hechos 20:17 y 28.
Mucho más claramente que “anciano”, “episkopos/obispo” indica cuál es la responsabilidad del hombre que desempeña este ministerio en la congregación.
Hechos 20:28-35 es el texto clave para el contenido de este oficio. La palabra griega “episkopè” en Hechos 1:20 (Reina Valera “oficio”, Biblia Textual “cargo”) significa supervisión.
Santiago no utiliza la palabra obispo, pero sí “presbuteros” en 5:14.
pág. 10Cuando Santiago escribe a las doce tribus en la dispersión, está convencido de que la división de Israel de ninguna forma puede existir, ni seguir existiendo delante del rostro de Dios (Ro. 11:26).
Tiempo
El momento en que Santiago escribió su Epístola tendremos que buscarlo en el período comprendido entre la dispersión relatada en Hechos 11:19 y la asamblea de Jerusalén en Hechos 15. Esto es así porque en la Epístola todavía no hay rastro de cristianos de origen pagano, y menos aún de las dificultades entre judíos cristianos y cristianos de origen pagano, de las que hablaron en la asamblea de Jerusalén.
Sin embargo la fecha fue cerca de aquella asamblea, porque debe de haber pasado bastante tiempo hasta que los que fueron dispersos en el extranjero experimentaron las dificultades a las que alude Santiago en su Epístola. En general se supone que la Epístola ha sido escrita alrededor de los años 43/44 d.C., por lo cual tendremos que contar esta Epístola entre uno de los primeros y más antiguos escritos del Nuevo Testamento.
El contenido de la epístola habla a favor de esta suposición. Parece evidente que nos encontramos aquí al principio del desarrollo de la iglesia cristiana. Santiago cita de memoria, o de la tradición oral, palabras de Jesús, y no cita literalmente de los Evangelios. En su manera de expresarse sigue fielmente al Señor. Escribe de la misma forma como ha escuchado predicar con frecuencia a Jesús. No distorsiona nada. En sentido práctico señala el camino de vida conforme a la Palabra de Dios, eso es la Torá (véase Torá en Salmos II, Índice de Materias, FELiRe 1997/2003), pero iluminada por la interpretación que le da Jesús en el Sermón del Monte.
No hay aquí ninguna exposición sobre Cristo. Santiago se basa sencillamente en el Cristo, a quien ha conocido tan bien y tan de cerca…como su Hermano mayor en el taller de su padre en Nazaret. Transmite la sabiduría de lo alto (3:17) que ha escuchado de la boca de Jesús mismo y que posiblemente ha anotado también. Aunque el proceder de su Hermano al principio le pareció incomprensible, no obstante ¡él es y sigue siendo un testigo de primera hora!
Sí, ¿por qué Santiago no habría podido anotar palabras de Jesús, aún antes de que ningún evangelista empezara a escribir? Considerando su Epístola se ve que es un hombre culto, que domina la lengua griega hasta la perfección. ¡Se ha pensado que esto es extraño para el hijo de un carpintero! Pero en primer lugar tenían los jóvenes de aquel entonces casi siempre una educación bilingüe, en arameo y griego, y además, ¿por qué no podía llegar un hijo de carpintero más lejos que su padre?
Todo aboga, pues, por una fecha temprana para la redacción de la Epístola. ¡Es posible que tengamos aquí delante el primer escrito del Nuevo Testamento!
Forma y estilo
El encabezamiento es el usual para una epístola. Pero falta el final habitual de unas notas de carácter personal. ¿De veras es una carta? ¿No sería un tipo de sermón o una colección de predicaciones que Santiago envía a sus ovejas dispersas, envueltas en un sobre con dirección, por así decirlo? Nunca llegaremos a saberlo y tampoco necesitamos esta información de fondo para poder entender bien el contenido.
Llama la atención también el estilo de Santiago, que es muy diferente al de las epístolas apostólicas. No es tanto un manifiesto, sino más bien un mensaje pastoral.
pág. 11Por eso la Epístola apenas tiene estructura, y es difícil de dividir en secciones. Como mucho, 1:2-11 se puede leer como un breve resumen del contenido, ya que los diferentes temas que allí se mencionan son tratados más ampliamente a lo largo de la Epístola: tentación y prueba, fe y perseverancia, sabiduría y oración, soberbios y humildes en la congregación. El estilo de Santiago es muy vivo, a veces inventa un diálogo para tratar un tema. Usa un lenguaje coloquial, y a veces salta de una cosa a otra.
Sin embargo, hay más relación en el conjunto de lo que parece a primera vista. Hay un hilo conductor a través de toda la Epístola. El mensaje de Santiago se transmite claramente, a pesar de todos los giros sorprendentes y saltos de una idea a otra: en medio de tentaciones y pruebas que afectan el punto vital de la integridad de la vida de fe y la integridad de la vida como congregación - por las que puedan surgir rupturas visibles e invisibles-, los lectores de todos los tiempos son llamados a perseverar en una fe viva que se muestra por las obras en una vida íntegra para el Señor y juntos como hermanos.
Santiago y los Proverbios
Al leer la epístola de Santiago nos sorprende el gran parecido con los “escritos sapienciales”, el “hokhma” del Antiguo Testamento.5 Sabiduría práctica, que amonesta y enseña. La sabiduría del libro de Proverbios que actúa personificada y clama en las calles, y alza su voz en las plazas (Pr.1:20 ss.) es proclamada por Santiago como la sabiduría de lo alto (3:13-18). En 4:6 encontramos una cita literal de Proverbios 3:34. Compárese también 4:13-17 con Proverbios 27:1. Véase lo que dice Proverbios sobre los pobres y los ricos
Santiago y el Sermón del Monte
El Sermón del Monte de nuestro Señor Jesús (Mt. 5-7) tiene un papel importante en esta Epístola. En realidad forma su trasfondo. Quien se ponga a leer la Epístola, hará bien en leer primero el Sermón del Monte, y asimilar el mensaje de Jesús. Notaremos entonces que Santiago en gran medida sigue los pasos de su Señor y Maestro.
Sigamos ahora con un cuadro de las principales similitudes y los paralelismos entre la Epístola de Santiago y el Sermón del Monte de Jesús.
| Sermón del Monte | Mt. | Epístola de Santiago |
|---|---|---|
| Las bienaventuranzas | Mt. 5:1-12 | 1:12, 25 |
| Los pobres (en espíritu) | 5:3 | 2:5 |
| Los que lloran | 5:4 | 4:9 |
| Los mansos | 5:5 | 5:7 |
| Los misericordiosos | 5:7 | 2:13 |
| Los de limpio corazón | 5:8 | 1:12, 3:17, 4:8 |
| Los pacificadores | 5:9 | 3:18 |
| La recompensa/corona | 5:12 | 1:12 |
| La Ley | 5:17-48 | 1:25, 2:8, 10-12, 4:11, 12 |
| No jurarás | 5:34-37 | 5:12 |
| El amor al prójimo | 5:43 ss. | 2:8 |
| La oración | 6:5-15 | 1:5-8, 4:2,3 |
| Los tesoros -el moho- | 6:19-21 | 5:1-3 |
| Vivir al día | 6:34 | 4:13-15 |
| No juzgarás | 7:1, 2 | 4:11,12 3:1 |
| Respuesta a la oración | 7:7-11 | 5:13-18 |
| La higuera no produce aceitunas | 7:16,17 | 3:12 |
| Oír y hacer | 7:21-27 | 1:22-25 |
5 “Hokhma” significa sabiduría, pero sabiduría práctica como: la experiencia del marinero (Sal. 107:27) y la pericia de carpinteros y trabajadores en metal (2Cr. 2:7).
pág. 12Santiago y la Ley
Se ha acusado a Santiago de predicar una fe legalista, pero no hay nada más lejos de la verdad. Él tiene un alto concepto de la Ley de Dios, pero en el sentido en que Jesús ha dicho:”No he venido a abolir la Ley, sino a cumplirla” (Mt. 5:17). Igual que en el Sermón del Monte, nos confrontamos en la Epístola de Santiago con la profundidad y la plenitud de la Ley. Cuando Santiago habla de “la perfecta ley, la de la libertad” (1:25), tendrá esta palabra de Jesús en mente: “Si el Hijo os liberta, sois verdaderamente libres” (Jn. 8:36).
Jesús consigue lo que la Ley en el antiguo pacto no logró pero siempre tuvo como objetivo: ¡librarnos del poder del Maligno y del mal, y guardarnos en esa libertad!
Santiago habla en su Epístola muchas más veces de Cristo que en los pocos versículos donde es mencionado por su nombre: allí donde resuena el Sermón del Monte, y allá también donde habla de la perfecta ley, sí, la ley real (1:25, 2:8),- la ley que encontramos cumplida y personificada en Cristo.
Santiago y Pablo
La declaración de Santiago de que “el hombre es justificado por las obras y no solamente por la fe” (2:24), siempre ha levantado mucha polvareda, porque ¿no es completamente lo opuesto de la declaración de Pablo de que “el hombre es justificado por la fe sin las obras de la Ley” (Ro. 3:28; Gá. 2:16)?
Sin embargo, la contradicción entre Santiago y Pablo es sólo aparente. Los dos hablan de la misma cosa, es decir de cómo el hombre es justificado, pero cada uno lo hace desde otra perspectiva, y dirigiéndose a otro tipo de lectores.
Pablo se opone a las personas del círculo de Santiago (Gá. 2:12) que consideran que las obras de la Ley, y en particular las obras según las leyes ceremoniales, son imprescindibles para ser justificados por Dios. Por eso Pablo tiene que decir: no, porque solamente por la fe y solamente por pura gracia somos justificados, mientras que Santiago se dirige a personas que opinan que ya no hace falta guardar los mandamientos de Dios, si somos salvos por la fe sola. Entonces Santiago tiene que decir: no, un hombre no es justificado y salvo por una fe sin frutos y sin obras.
Pablo no niega esto último. Al contrario, escribe: “La fe obra por amor” (Gá. 5:6), y: “Porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en el?” (Ro. 6:2) .6
6 En Romanos 6:15 y ss. Pablo impugna la tendencia u opinión que para un cristiano no es necesario cumplir la Ley. Esa tendencia es justo lo opuesto de la fe legalista de los judaizantes (véase Gálatas). Pero los primeros no estaban agrupados en un partido como los judaizantes. Su desprecio de la Ley ha recibido (más tarde en la historia de la Iglesia) el nombre de Antinomianismo (anti
pág. 13¿No podría haber sido escrita la siguiente declaración de Pablo también por Santiago: “Profesan conocer a Dios, pero con los hechos lo niegan, siendo abominables y rebeldes, reprobados en cuanto a toda buena obra”? (Tit. 1:1; compárese Stg. 1:26)
Así que Pablo combate el fariseísmo y judaísmo pero no contradice a Santiago.
Santiago y Lutero
A raíz de la aparente contradicción entre Santiago y Pablo es fácil entender que alguien como Lutero no tenía mucha estima por la Epístola de Santiago. Cuánto más, cuando sus oponentes católico-romanos se apoyaron fuertemente en esta Epístola. La doctrina católico-romana de las buenas obras y también sacramentos católico-romanos como la confesión y la extremaunción son derivados de la Epístola de Santiago (5:14, 16).
Cuando Lutero descubrió en la Epístola a los Romanos el evangelio de la justificación por la gracia, por la fe y no por las obras, ya no le interesaba nada de cuanto Santiago le pudiera decir. No se dejaba quitar por Santiago el gran tesoro que había encontrado en la Epístola de Pablo. Como Lutero no tenía un vínculo muy fuerte al canon, llamó a la Epístola de Santiago “una carta de paja” (compárese 1Co. 3:12,13). Aunque sí escribió un comentario sobre la Epístola, no obstante podía soltar frases como éstas:”Hoy o mañana encenderé la estufa con Santi”, o:”Aquí en Wittenberg hemos echado a Santiago de la teología, sí, casi le hemos echado de la Biblia”.Y:”Esta epístola está escrita por un judío que ha oído campanas y no sabe dónde”.
Lo que impulsaba a Lutero en su severa crítica era un punto de partida en sí mismo loable: que un escrito de los primeros siglos después de Cristo sólo puede ser aceptado como parte de la Biblia si proclama claramente a Cristo. Y según Lutero, esto era lo que faltaba en la Epístola de Santiago.
¡Pero no se dio cuenta que Santiago en vez de escribir sobre Cristo, escribe partiendo de Cristo! Cristo no es tanto el predicado, sino, y eso muy claramente, el sujeto de la Epístola. Una y otra vez el autor repite las auténticas palabras de Jesús, sobre todo las del Sermón del Monte. Las palabras de su Señor son tan importantes para Santiago que sacrifica gustosamente su propia originalidad. Lo que le importa es hacer oír la voz de su Maestro.
significa “contra”, y nomos “ley”). El antinomianismo satisface la inclinación natural del hombre, y por eso sigue siendo un problema de la actualidad.
Los antinomianos rechazan no sólo el judaísmo (observar las disposiciones del antiguo pacto) sino también el cumplimiento de la “ley de Cristo” (Gá. 6:2)
Un judaizante es legalista, duro, severo. Un antinomiano es liberal, libertino, mundano; “negligente e impío” como dice el Catecismo de Heidelberg en la pregunta 64.
El judaizante no conoce el perdón de los pecados por la sangre de Cristo. El antinomiano no sabe de la liberación de pecados por el Espíritu Santo, y no hace distinción entre la Iglesia, por la que Cristo ha pagado tan alto precio, y el mundo.
El judaizante se olvida de la introducción de la gloriosa Torá o Enseñanza (Ex. 20:2) sobre la liberación que anima a obedecer con gratitud.
El antinomiano detesta toda predicación de la Ley; también la cristiana de Mt. 11:30 “mi yugo es fácil”. (según P.K. Keizer, Historia de la Iglesia I, p.10, ed. De Vuurbaak, Groninga, 1975)
“El Señor”
En la Iglesia cristiana se usaba desde el año 200 d.C., aproximadamente, una traducción griega del Antiguo Testamento, la Septuaginta (LXX). El A.T. tiene originalmente dos palabras en hebreo indicando Dios: JHVH, el Dios del Pacto, (Yahvéh), y Adonai (Señor, soberano). Ambas son traducidas por Kurios en el N.T. griego y en la Septuaginta. Pero en el Nuevo Testamento también Jesucristo es llamado “Kurios” (Señor). Santiago usa este nombre de Dios, Kurios. El hecho de que Kurios tiene dos significados puede causar alguna confusión. En la mayoría de los casos se refiere a Dios (como el judío del A.T. le conocía bajo varios nombres), y sólo algunas veces se refiere a Jesucristo: a saber en 1:1; 2:1; 5:14,15. Salvo en estos versículos podemos siempre leer “Dios” cuando Santiago habla de “el Señor”.
También allá donde se habla de “la venida del Señor” (parusía) (5:7,8). En este caso va con la línea de razonamiento de la Epístola pensar en la intervención jurídica de Dios; acerca de la cual creemos y confesamos que Dios por medio de Cristo aparece y juzga como Juez. Seguramente no tendrá Santiago nada que objetar al respecto, porque de la boca misma de su Hermano y Señor ha escuchado muy claramente: “El Padre y yo uno somos” (Jn. 10:30).