Santiago · La fe que actúaÍndice

La Epístola de Santiago · La fe que actúa

Capítulo III

Santiago 3:1–18

Contenido del capítulo

3:1–18

Que la sabiduría de lo alto domine nuestra lengua

Cuando Santiago en el capítulo II pone como ejemplo a Abraham y Rahab como ‘hacedores de la Palabra’, el énfasis está en primer lugar en ‘la Palabra’ y luego en ‘hacedores’. Entonces los consideraremos como cumbres de una fe que actúa. ¿Alcanzaríamos nosotros, desde la llanura de nuestra vida cotidiana, semejantes alturas?

Pero en el capítulo III Santiago desciende a nuestro nivel: todo lo que podamos y debamos hacer con la lengua. Si nuestra fe viva se revela en obras, debemos empezar con nosotros mismos. ¿Y qué hay más cercano que la lengua en nuestra boca? No olvidemos que las palabras también son hechos.

Inquieta e indomable se mueve la lengua. A través de la sociedad discurre un caudal de palabras que a los ojos de Dios parece probablemente más sucio que un río

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contaminado. El que se cree religioso, pero no sabe refrenar su lengua, está lejos de “la religión pura y sin mancha” (1:26 - 27).

El que no refrena su lengua participa en la contaminación espiritual, que solamente puede ser combatida por el Espíritu Santo y por la fe, ¡ya que el Espíritu dio en el día de Pentecostés otro tipo de lenguas! No eran del tipo de fuego que inflama y hace arder al mundo y lo consume (3:5,6), sino de un fuego que ilumina y calienta los corazones, e incita al amor a Dios y al prójimo. “Sed fervientes en espíritu”, escribe Pablo a la iglesia en Roma (Ro. 12:11).

En vez de las calumnias y los chismes, que tantas veces se propagan como un incendio en un pueblo, la Gran Noticia es como un Fuego que atraviesa el mundo.

El Espíritu Santo interviene en el curso de la rueda de la creación (véase más adelante el comentario sobre 3:6), que es inflamada desde el cielo y ahora rueda de generación en generación a través de la nueva historia, que empezó el día de Pentecostés y que continuará hasta el fin del mundo.

“¿Quién es sabio y entendido entre vosotros?” pregunta Santiago en el versículo 3. Sabiduría, en la Biblia nunca significa erudición, conocimientos librescos, o una cuota de inteligencia. No, sabiduría en la Biblia siempre es la sabiduría que viene por experiencia, discernimiento madurado, sabiduría práctica, saber qué tienes que decir o callar, hacer o no hacer, en el momento adecuado.

Ésta es la sabiduría que edifica a la congregación y la comunidad; y es la que viene de lo alto (v.17). Toda sabiduría pedante viene de abajo y es carnal, y demasiadas veces destruye las congregaciones y la comunión fraternal (3:15 – 16).

Santiago comienza este capítulo con la siguiente amonestación: “…no os hagáis maestros muchos de vosotros” (“no aspiréis muchos a ser maestros”, Biblia Textual); que siempre lo saben mejor, o creen que lo saben mejor que los demás, y por eso muchas veces llevan la voz cantante. ¡Mejor aprender a escuchar! Escuchar a Dios y el uno al otro.

Hace falta sabiduría de lo alto para querer seguir siendo un alumno para siempre, y no pensar que has superado el nivel de aprendizaje. El apóstol tiene que seguir siendo discípulo.

Quien presume de ser sabio y sensato, pues que lo demuestre con una conducta llena de sabiduría y mansedumbre (v.13). Ser cristiano no puede ser un papel que jugamos, o un cargo que ocupamos, sino que tiene que ser una vivencia completa, al mostrar una clara presencia del Espíritu Santo, que quiere vivir en nosotros.

Por eso la sabiduría de lo alto es, ante todo, “pura” (¡contra la contaminación espiritual!), y después “pacífica, comprensiva, dispuesta a razonar, llena de misericordia y de buenos frutos” (interés por el otro), “imparcial, sincera” (v.17, Biblia Textual).

Lo que queda de este capítulo realmente no necesita comentarios. Es, como Santiago ya nos tiene acostumbrados, muy rico en imágenes: freno, timón, fuego.

Un ejemplo del incalculable mal, que se extiende por todas partes por culpa de una pequeña lengua. Alguien como Hitler, encendió al mundo entero con sus discursos agitadores. Y Juan recibe en Patmos la visión de una bestia horrible que surge del mar de los pueblos, al que se le da una boca que habla arrogancias y blasfemias (Ap. 13:1 – 10).

De la misma manera que puedes domar un caballo grande con un pequeño freno, y mantener el rumbo de un barco grande con un pequeño timón, así esa pequeña lengua en nuestra boca es capaz de hacer grandes cosas, para bien y para mal. ¡Una sola cerilla tirada en un descuido puede causar un enorme incendio!

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Una imagen mucho más difícil de entender es la de la rueda: “la rueda de la creación” (3:6, Reina Valera).15 La traducción católico-romana holandesa Willebrord pone “rueda de la vida”; y la versión popular en neerlandés Groot Nieuws, dice: “la rueda de nuestra existencia”.

También encontramos la imagen de la rueda en los escritos rabínicos. Por ejemplo: “Una rueda hay en el mundo; no es que el que hoy es rico, mañana también lo será, o el que hoy es pobre, mañana también lo será; sino que uno hace bajar la rueda y el otro la hace subir”. ¡Imagínense la noria gigantesca de la feria! El que hace poco estaba arriba, dentro de poco estará abajo, y al revés.

Con esta explicación nos acercamos a la nota que acompaña el versículo 6 en la traducción holandesa de 1657: “el curso de nuestra vida desde el nacimiento, lo cual es como una rueda, que siempre va girando, de la mañana a la noche, de la juventud a la vejez, desde el nacimiento hasta la muerte”.

Pues bien, toda esa existencia giratoria, la sucesión de generaciones, puede ser inflamada por una sola palabra. “Partes enteras de la vida individual, pero también épocas enteras de la historia pueden sufrir de intoxicación y acaloramiento, originado por una sola palabra equivocada, falsa o resentida” (Smelik).

¡Recordemos una vez más los agitadores discursos de Hitler! “Lo que sale de la boca, esto contamina al hombre”, dice Jesús (Mt. 15:11), y contamina todo el entorno. ¡Contaminación espiritual!

Con una misma lengua podemos incluso bendecir a Dios y maldecir a los hombres (vv. 9,10). Y otra vez con mucha imaginación utiliza Santiago las imágenes de una fuente y un árbol. “¿Acaso puede una fuente echar por una misma abertura agua dulce y amarga? ¿Acaso puede la higuera producir aceitunas o la vid higos?” (3:12) ¿Podríamos hundirnos en nuestra vida cristiana más bajo que el nivel de la simple naturaleza? Hablar con doble sentido, ambigüedad, una falsa contabilidad, - todo eso va en contra de la confesión judeo-cristiana que “Dios es uno” (2:19). ¡Si creemos y confesamos que Dios es uno, entonces nuestra vida de fe tiene que ser igualmente íntegra! No puede ser el domingo de una manera y el lunes de otra manera. No podemos hablar de una forma en la iglesia y de otra forma en el trabajo.

“Que la sabiduría de lo alto domine nuestra lengua”. Así encabezamos este capítulo.

Leyéndolo de nuevo, tranquilamente, y asimilándolo, nos llama la atención hasta qué punto las palabras de Santiago están arraigadas en el libro de Proverbios.

Cuán extensa y profundamente se habla allí de la Sabiduría, que es de lo alto, que nos invita y amonesta, nos protege y bendice, que predica en las plazas y nos prepara una mesa con pan y vino (véase Pr. 1 y 9).

¡Con reiteración nos advierte de los pecados de la lengua! Pero también nos muestra la bendición de una buena palabra pronunciada en el momento oportuno.

“De la boca del justo brota la sabiduría, Mas la lengua perversa será cortada”. (10:31) “Hay hombres cuyas palabras son como golpes de espada, Pero la lengua de los sabios es medicina”. (12:18) “La lengua apacible es árbol de vida, Pero la perversidad de ella es quebrantamiento de espíritu”. (15:4) “La muerte y la vida están en poder de la lengua, El que la ama, comerá de sus frutos”. (18:21)

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Si de veras esta Epístola de Santiago es el primer y más antiguo escrito del Nuevo Testamento, entonces es aun más notable que Santiago no deje el Antiguo Testamento atrás en ‘la antigua dispensación’, sino que lo traslada al nuevo tiempo y lo ofrece a la Iglesia de Jesucristo. ¿No ha mostrado nuestro Señor mismo, en su conversación con los dos discípulos de camino a Emaús, cómo las Escrituras del Antiguo Pacto no son solamente para Israel, sino que también en medio de su Iglesia seguirán dando testimonio de todo lo que a Él se refiere?

Aunque Santiago no lo dice en tantas palabras, ¿no podríamos ver a Jesús como la Sabiduría de lo alto encarnada? ¿Y no nos enseña esta Sabiduría el camino de la imitación?

Notas

15

En griego pone “trochon tès genéseoos”, la rueda de la creación, la Biblia en holandés de 1657 escribe: de nuestra creación, y la Biblia Textual añade lo mismo en una nota: “de nuestra existencia”.